¿Problemas para dormir?

A menudo me cuesta trabajo dormir. Cuando era más chico y estas cosas me sucedían, llegaba un punto en que me daba miedo quedarme dormido, y me imaginaba que quizás no fuera a despertar de nuevo. Bueno, si me sincero un poco con ustedes, la verdad es que aún me pasa. Claro que no tan frecuentemente, además de que me percato de que es un miedo absolutamente irracional. ¿O no? Independientemente de eso, me sigue costando trabajo quedarme dormido. Mi mente viaja por un laberinto de actividad que si bien en muchas ocasiones no está enfocada a nada en particular (es decir, no estoy realmente haciendo nada más que ver series o imaginándome situaciones o historias y esas cosas), por lo general me mantiene completamente alerta. Pero mis párpados se cierran.

Jamás he estado seguro de como el sueño funciona. Mi madre, por ejemplo, estará de acuerdo en que jamás he sido una persona “de mañana”, es decir, que jamás me ha sido particularmente sencillo levantarme temprano, madrugar, mantenerme activo desde temprano. Y si a veces consigo esto, jamás logro que dure más de tres o cuatro días seguidos. Al menos no a propósito.

Lo que me sucede ahora es que, a pesar de que me cuesta trabajo quedarme dormido, no me cuesta trabajo decidir dormirme, ¿me explico? Puedo estar sumamente agotado, absolutamente rendido, y sin embargo me mantengo con los ojos abiertos, pensando en mil cosas, antes de decir “ok, debería dormir”, y ¡puf! sumirme en un sueño que, desgraciadamente, no es reparador ni demasiado ameno.

Entonces, al día siguiente y en mis ratos de ocio, me pongo a pensar en el por qué de mis malos descansos. Seguro es el estrés. Hace unos cuantos meses comencé a trabajar en un estudio en el que estamos produciendo una serie animada muy genial (de la que hablaré en el momento en que sepa que tenemos permiso para hacerlo), y el ritmo de trabajo me trae un poco a las carreras. A veces siento que no estoy dando lo suficiente de mí y en otras ocasiones que sin importar cuanto dé, jamás seré tan bueno como pretendo ser. Inseguridades del medio, ya saben, y más aún cuando vas atrasado con asignaciones de una o dos semanas atrás. Está eso. También está la emoción que me provoca el hecho de que este diciembre estaré realizando un largo viaje para reunirme con la mujer que amo, y eso también me tiene despierto en ocasiones. También la cantidad y media de proyectos que tengo en la cabeza, las cosas que quiero hacer y las series de televisión y las películas que quiero ver; los libros que quiero leer, el ejercicio que quiero hacer, las personas con quien me agrada platicar… supongo que comprenden más o menos por dónde va la cosa. Al fin y al cabo, todas estas situaciones y todos estos pensamientos, aunados a la recapitulación del día que hago muy al estilo de Mafalda todas las noches, son lo que me quita el sueño. Eso lo entiendo. Lo que no comprendo es por qué demonios no descanso.

¿Será verdad eso de que las vivencias nos acompañan hasta dormidos? Nunca me ha ocurrido soñar con algo que me haya preocupado especialmente durante el día, por ejemplo. Y cuando despierto solo quiero dormir más. Y cuando de hecho duermo más, me siento exactamente igual de cansado. ¿Qué es lo que me falta? ¿Una mejor alimentación? ¿Una vida más activa? ¿Qué es lo que determina nuestro nivel de descanso?. Ah. La relajación. Las cosas que cargamos con nosotros a la cama no se van si no las dejamos ir. Es interesante. Técnicas de relajación, veamos, pensar en cosas lindas. Imaginar el color verde. Escuchar música clásica. Contar borregos o cualquier otro animal u objeto. No pensar en nada. No dejar que nada nos importe después de las 22:00.

No lo sé. No sé ni siquiera por qué estoy escribiendo esto ahora, al cuarto para la una de la mañana, después de darme cuenta de que no progresé con ninguna de las cosas con las que quería progresar esta noche. Seguramente es parte de la procrastinación inmediata que a menudo puebla mi vida. Y es que, de veras, a menudo tengo problemas para dormir y prefiero procrastinar un poco. No sé por qué lo estoy compartiendo, tampoco, si es claro que no voy a llegar a ningún lado. Básicamente estoy vertiendo mis pensamientos y dejando que fluyan a través de mis dedos para que se conviertan en una gran cantidad de pixeles que alguien (tú) leerá en algún momento. Quise por un par de segundos hace dos párrafos llegar a una conclusión, también, sin embargo sé que eso sería una necedad, ya que esto es casi eso a lo que llaman “escritura libre”.

Díganme ustedes, ¿Cómo puedo relajarme? ¿Cómo dormir bien?

Saludos y buenas noches,

Ject.

“Para tí”

‘Creo que hace tiempo que persigo un fantasma. Dudo que sea, que exista, que sienta, pero creo que está ahí. Creo que nunca ha estado a mi alcance y me parece que es hora de dejarlo ir. Me quitará un peso de encima, yo lo sé, será en definitiva un olvido con el que podré lidiar sin limitaciones, sin quitarle fuerza a mis golpes. Es tu fantasma. Un fantasma que la verdad nunca existió, a pesar de que tú sí lo hiciste; es el fantasma de aquellas dos palabras que creí sentir porque fue demasiado real, el fantasma de los besos que recibí, el fantasma de un amor que no pudo ser y que me alegra que no haya sido. Creo que ahora me doy cuenta. Creo que aquello de “Sólo amigos” pasa por una razón y supongo que esa razón soy yo. Difícil será que comprendas, y aún así puede que lo entiendas tan pronto lo leas. Creo que estoy siguiendo tu fantasma, y tu fantasma… y quizás esperando a otro que llegará después. ¿Qué es el amor si no fantasmas? Esperanzas que se desvanecen y que sin embargo pareciera que no, uniones que no son más que eso, besos y caricias que representan sensaciones que uno siente, que son y no son reales. Es imposible estar obsesionado con un viejo amor o rememorar cosas así.

Creo que tal vez hoy deje de perseguir tu fantasma, y tu fantasma también. Creo que tal vez me deje llevar… y no lo intente ni contigo, ni contigo. La confianza se rompe, mi culpa, mi culpa, que me trague la tierra si no es así, una culpa que he aprendido a aceptar.

Quiero decir que no intentaré convencerte ni convencerme. Pero no lo prometo.

Después de todo, la vida está llena de fantasmas.’

Ject.